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Reflexiones

Adiós al Adiós

“¿Adiós? ¿Porque querría decir adiós? Si no había terminado de decir hola.”

“Yo no quería decir adiós”

Como terapeuta, he escuchado a miles de personas afligidas lamentar las palabras que dijeron a sus seres queridos y a muchos de ellos llorar de dolor por no haber podido despedirse. Se ha pasado mucha aflicción por no decir adiós. Se ha sentido demasiado dolor porque alguien no pudo decir adiós.

Se han predicado sermones, se han escrito libros y poesías acerca de la despedida. Se han pintado cuadros; lágrimas captadas en bronce y brazos que han quedado vacíos en un gesto de adiós.

¿Por qué empleamos demasiado tiempo y dolor en lamentarnos por no haber podido despedirnos? ¿Porqué borramos las palabras que dijimos durante la vida de un ser amado con el simple lamento, “Yo no pude despedirme?” ¿Por qué son esas palabras tan importantes que la necesidad de ellas dan lugar a una vida colmada de dolor adicional?

Las ceremonias han sido creadas y diseñadas para que las personas afligidas puedan despedirse. Nos paramos en fila durante horas para expresar nuestra simpatía a la persona que está de duelo y para decir adiós a la persona fallecida. Incluso si no hemos visto a la persona fallecida durante años, parece especialmente importante acercarse en el momento de la muerte para poder decir adiós. Los empresarios fúnebres, los profesionales de la salud mental y la mayoría de la gente cree que es necesario decir adiós con el fin de comenzar el proceso de curación.

¿Adiós? ¿Por qué querría decir adiós? Si no había terminado de decir hola.

Treinta y nueve años atrás pude decir adiós. Supe que el final de la vida de nuestro hijo se estaba acercando y tuve la oportunidad de darle un último abrazo y decir una última frase. Tuve la oportunidad de decir adiós pero no la tomé. En los últimos momentos de la vida de mi hijo, y años más tarde, en los de mis padres, no pude decir adiós.

Con el último suspiro de vida de mi hijo, yo simplemente dije, “te quiero”. Fui capaz de permanecer con mi madre en sus horas finales y no dije adiós. Dije, “te quiero”. Y aún cuando no estuve con mi padre cuando falleció, las últimas palabras que compartí con él cuando dejé su casa en la que iba a ser su última noche, lo besé y le dije, “te quiero”.

Casi nadie cree que debería haber una razón para decir adiós hoy. La mayoría de los días son simplemente comunes y parece no haber ninguna razón especial para decir adiós. Difícilmente alguien pueda saber que será “el último día” o “el último momento”. Probablemente sea mejor que no siempre sepamos que este podría ser “el” día.

¿Adiós? Yo preferiría vivir mi vida de manera que mis últimas palabras fueran “te quiero”. Nunca podemos saber cuando un día común se transformará en un día que quede marcado en la historia de la familia como un día no tan común. Pero por lo menos podemos vivir nuestras vidas para que entonces podemos dejarla con pocos remordimientos. No deje que los sucesos del pasado le quiten la esperanza, su pasión, su alegría de vivir. Deje que se convierta en una lección para todos nosotros, de vivir nuestras vida como si solo nos quedaran algunos momentos por vivir…..porque eso es lo que realmente son.

Ayude a la persona que está de duelo a recordar las alegrías que compartieron, la vida que vivieron, los días, semanas, meses, años de vida, más que el momento en el que todo terminó.

Utilice el funeral como una oportunidad de reconocer esos maravillosos momentos que a veces se pierden en el dolor del duelo. Utilice fotos, cuadros, exposición de sus pasatiempos, ropa especial y artículos diferentes (uniformes, insignias de los exploradores, medallas militares, pompones de animadoras, etc.) para ayudarlos a mantener la atención en la vida vivida, no en la vida perdida.

Disponga de un video recordatorio durante el velorio o en algún momento especial durante el funeral. Música especial también puede traer buenos recuerdos. Encienda una vela o abra la caja de música de su madre y deje que la melodía traiga recuerdos del pasado.

Coloque cestas del recuerdo (con tarjetas en blanco y lapiceras disponibles) al lado del libro de visitas y alrededor de la sala velatoria, así los visitantes podrán compartir sus recuerdos con la familia.

Si la persona fallecida tenía un dulce favorito coloque ese dulce en particular en canastas cerca de la entrada de la sala velatoria, así los visitantes puedan recordar a la persona fallecida con una sonrisa más que con una lágrima. Entregue globos en el cementerio y libérelos cuando termine la ceremonia. Es una forma maravillosa de suavizar esos momentos difíciles cuando la ceremonia ha terminado y se supone que la familia debe marcharse, pero de alguna manera es incapaz de hacerlo. Alejarse de la tumba para liberar un globo hace la partida mucho más fácil porque no se está alejando de una tumba sino que se está enviando un mensaje, “te quiero”. Liberar palomas, mariposas o soplar burbujas también son formas maravillosas de ayudar a la persona que está de duelo a comenzar su nuevo camino.

Ayude a la familia a ser creativa sacando fortaleza de la magia de la vida de su ser amado más que enfocarse en la tragedia de la muerte.

Ayude a los miembros de la familia a comprender que no tienen que decir adiós.

Uno no deja de amar a alguien solamente porque haya fallecido. Siempre será una parte amada de cada uno de nosotros. Posiblemente un funeral debería ser más una ceremonia de “acción de gracias” que un ritual de adiós.